Izquierda pirolítica

«Economía del dosel» es el término utilizado por Charles Ferguson para señalar a esas nuevas élites globales que, en lo más alto de la pirámide de la riqueza, perdieron toda relación con las naciones y personas de las que surgieron. Es analogía de los llamados «ecosistemas de dosel» que se forman en las zonas altas de los bosques frondosos, independientes de los estratos inferiores y con mejor acceso a la luz solar, de la cual les privan.

Sami Naïr las denomina casta y lo precisa: los CEO de las grandes sociedades multinacionales y dirigentes de las mismas, directores y principales accionistas de fondos de pensiones, grandes familias comerciales a escala planetaria y técnicos que trabajan para todos ellos. También, en un sentido parecido aunque más próximo, Josep Ramoneda habla repetidas veces de la casta: complejo económico-administrativo-mediático cada vez más alejado de la ciudadanía, con un juego de intereses compartidos y complicidades manifiestas y —advierte— capaz de atrapar a una izquierda sin proyecto.

Por tanto, realidad y noción incuestionables; además, para la izquierda, ineludibles. Pero ¿por qué me sonará tan mal lo de la casta en boca de quienes recurren a ello como un mantra? Quizá por el manejo burdo de algo tan espinoso y grave en sus efectos, su reducción a maza en mano con la que golpear a diestro y, más, a siniestro; por aparentar las soluciones que no tienen y venderlas en propio provecho; por recurso para intimidar con la falsa denuncia de ser cómplice, cuando no agente, de la casta al discrepante; por una verbosidad preconizada como ciencia pertrechada ante universitarios adolescentes promoción tras promoción, palabrería ufana y desabrida.

Hace poco oí hablar a Llamazares —con optimismo parecía— de un probable efecto pirolítico de Podemos en la izquierda y, más allá, en la política española. Me instruyo sobre el término (descomposición química de compuestos orgánicos por calentamiento a altas temperaturas en ausencia de oxígeno) y se me ocurren dos observaciones. Una, que la pirólisis no afecta a la derecha, porque es metálica y vidriosa, materias en las que no tiene lugar dicha reacción. O sea, que Podemos vendría a ser tan útil para la derecha como la casta lo es para Podemos. Y dos. Creamos que en la calle, en la gente y en la izquierda haya más oxígeno que en las covachuelas desde las que algunos ven el mundo, nos perdonan la vida y se producen. Todo ello abusando de la metáfora de Llamazares, claro.

(Estrella Digital, septiembre de 2014)