La marquesa de Casa Fuerte reprochó a los socialistas el indulto al marqués de Santa Cruz de Rivadulla. Fue durante una de las justas televisadas para las elecciones generales del pasado 28 de abril, la del si «de verdad van diciendo ustedes sí, sí, sí hasta el final».
Cayetana Álvarez de Toledo —PP— preguntó a María Jesús Montero —PSOE— si estaban dispuestos a indultar a los encausados del procés como hizo el gobierno de González, en 1988, con el exgeneral golpista Alfonso Armada.
Casado y Rivera ya venían invocando el paralelo entre aquel Tejero y estos otros, si bien del modo agreste y simplón acostumbrado. Pero ahora, apuntando a un dato histórico, Álvarez de Toledo se estiraba en las aguas de la memoria con la genética altivez de un hipocampo, despreocupada por las perlas que su estela removía.
Mírense algunas:
Que Adolfo Suárez se las tuvo con Armada también por las cartas que este remitía pidiendo el voto para Alianza Popular desde la Casa Real, donde era secretario y hombre de toda confianza.
Que, como contaría años después el excoronel San Martín, condenado por el 23F, Antonio Cortina, hombre cercanísimo a Manuel Fraga, lo visitaba para que se implicara en la «operación Armada», que será clave en la intentona.
Que en el piso donde, según Tejero, recibió de Armada las últimas instrucciones del asalto (en presencia del comandante José Luis Cortina, hermano del mencionado Antonio), desarrollaba su actividad profesional, entre otros, Carlos Argos, y era propiedad de Félix Pastor Ridruejo, padres fundadores ambos de la familia popular.
En fin, ¿lo habrán olvidado ya, si alguna vez supieron, o simplemente qué más da?
Cuenta Borges (La forma de la espada, 1944) el modo como un personaje procura congraciarse con otro (Vincent Moon) a quien desconoce y que le incomoda: acudiendo, escribe Borges, «a la menos perspicaz de las pasiones: el patriotismo». El electorado, la gente, el pueblo si se quiere es el Vincent Moon de este otro cuento.
Aunque se borden la Constitución en la bandera, su patriotismo me sigue pareciendo de hechura muy antigua. No es el constitucional del que hablaba Habermas, racional, deliberativo y no nacionalista, sino un patriotismo dialéctico, reduccionista y avasallador en el sentido literal de la palabra.
Y a cuenta de la patria cualquier cosa, hasta el ridículo.
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P.D. De paliativo a tanto ruido, y como vamos a perlas, sugiero la escucha de la romanza de Nadir («Je crois entendre encore…») de Los pescadores de perlas de Georges Bizet, en la voz de Tino Rossi.

«El patriotismo es la menos perspicaz de las pasiones». Fotografía de Jorge Luis Borges expuesta en una plaza del barrio de San Telmo, Buenos Aires, 2008.